IDOLATRÍA

Como lo prometido es deuda, esta entrada explica el misterio del poema de la anterior entrada, la historia real de la que nacieron sus versos. 

¿Será lo que imaginábais...? Puede que no. O tal vez, sí.



   M entra curiosa en el desconocido y acogedor local. Busca un marco para un regalo; bello, original y que combine también con los colores de la fotografía. 

   Entonces la ve; el flechazo es instantáneo. Recuerda que una vez la soñó, pero no pudo encontrarla. Y ahora está allí, esperándola.

   Impresionada por su visión da varias vueltas por el lugar, creyendo que el fuerte impulso por volver a su lado y conducirla a su hogar se desvanecerá, o que la vista de otra belleza sustituirá con una nueva  ilusión su impetuoso deseo.

   Al darse cuenta de que no llevaba dinero encima, marcha rápidamente hacia el cajero. De paso, aprovecha para dar un rápido paseo en otro intento de destruir la fuerza de su impulso enamorado.

  Pero nada apaga aquella fascinación hipnótica, y vuelve, decidida a quedarse con La que le llamaba.

   Cuando por fin la tiene en el hogar, busca el sitio adecuado donde destaque como se merece; ese lugar donde Ella puede reflejar la luz  con los espejos que cubren su mágica materia.

   Y una vez ha colocado la estatua de la DIOSA en la estantería central, M  recuerda que no sabe el nombre de la encantadora tienda de decoración donde la ha comprado  y mira el recibo: Luzbel.

DiosA


 A     L     T     A     R 
 Tu cabello caía sobre los hombros
como ébano liso,
la cobra de tu frente
mirando hacia la vida
y una frágil silueta
entre tus alas
abiertas hacia el cielo.

Te vi cuando te quise
y aún estabas lejos,
cuando eras sólo imagen
sin historia ni nombre.

Hoy tengo tu presencia
real entre mis manos,
tan suave como fría,
tan dura como el tiempo que sometes
con tus ojos egipcios
brillando entre la luz de tus espejos

Me viste en el Luzbel de la belleza
perdida en tu ilusión

y me quisiste.


CONSPIRACIÓN



-Mira lo que me ha hecho, me ha dejado torcido.

-Pues a mi me quemó con otro, mira que agujero tengo.

-Es que no respetan nada, a mi me ha llenado de babas y me rompo.

-Es cierto, te usan y después te tiran sin ninguna contemplación.

-Pero esto se va a acabar, he hablado con el Vinagre y don Cuentagotas y tenemos un plan.

-Por fin, ¿en qué consiste?.

-Pues que a la primera de boca, se queden bien agrias y nos dejen.

-Sí, sí, ya no seremos nunca más sus colillas maltrechas.

-Se acabó que se nos fumen los tabacos.

-No sé, creo que les hacemos un favor...¿bocas sin toses, droga o cáncer?.

-No hay que dar humo al enemigo. Enteros, siempre enteros.

-No sé... igual luego las echamos de menos, pero ellas seguro que a nosotros no en cuánto se libren de los tóxicos.

-Cobarde, ¿dónde está tu orgullo de cigarro?.

METÁLICA


Tiras de mi como un imán. 

Soy un clavo sin punta
 
contra el acero de tu olvido.


En esta lucha diaria de la carne

un rojo resplandor,


el éxtasis fluido de mi hierro


entre tus dientes de hojalata.


REGALO DE FAMILIA



  Es uno de esos días extraños en donde todo parece tener vida propia y me siento profundamente conectado con... no sé. Las nubes tienen una densidad especial y hasta en el aire se respira el presentimiento. 

  Cojo la chaqueta y ando automáticamente, sin pensar, sin esperar ni imaginarme películas fantásticas, dejando que los sentidos agudizados de este día se fundan con el mágico entorno de la primavera y me guíen por el parque cercano, como si acudiera a una llamada misteriosa.

  Después de un largo paseo, reposo en un banco y cierro los ojos, cautivado por una calma casi mística. Los abro después de unos minutos, no sé cuantos, y encuentro a mi lado una mujer absorta en un punto lejano. No es guapa, pero tiene un atractivo especial.

  -Tengo que descansar de una vez -dice ella de repente sin girarse hacia mí- y no puedo hacerlo hasta que encuentre a la persona adecuada.

  No me sorprendo, hoy intuía algo especial. Confuso, sin saber qué decir, dejo que siga hablando.

  -Estoy llamando todo el día, intento atraer al posible destinatario de mi don para deshacerme de él. Llevo así mucho tiempo... y te he visto aparecer a ti, con esos ojos místicos y ausentes propios de quien escucha mis llamadas.

  Al escuchar su última afirmación, me altero visiblemente, como si  despertara bruscamente de un sueño: -¿Yo...?  Sólo paseaba por el parque y me senté, cansado -finjo.

  -No me mientas, saliste de casa por un impulso, sentiste la conexión y llegaste hasta mí. No, no es la primavera, soy yo.

  -Pero... ¿qué es lo que quiere? ¿De qué me habla? -empiezo a sentir temor y la observo detenidamente para descubrir alguna pista que me oriente; la mujer parece tan normal como cualquiera, pero evita mirarme.

  -No voy a esperar más, estoy cansada de vivir, no puedo matarme y si me matan no me dejo, ja, ja, ja. -Me da su bolso y unas llaves.

  -¿Qué? -No sé que más decir, estoy aturdido, y siento una profunda paz cuando ella coge mi mano-: Esto no puede ser malo... -pienso en voz alta.

 -Todo es relativo... te dejo mi regalo por egoísmo, para liberarme, pero también porque conozco tu deseo aunque no lo admitas; una de mis habilidades es sentir las emociones ajenas, especialmente el instinto de los que ya tienen... una predisposición. No te asustes, dime: ¿algún pariente te habló alguna vez de Mara?

  -En mi familia circuló una leyenda, aunque nadie la cree ya; parece que una loca atacó a mi tatarabuelo... lo dejó mal herido pero vivió. Ahora no lo recuerdo muy bien.

  -Mejor -suspira-. Me acabas de confirmar lo que ya sé. Tienes el gen, lo he visto en tus ojos; está dormido y lo voy a despertar.

  -¿Cómo? Espera, espera... ¿quieres decir que tú...? -La confusión y la sorpresa me impiden reaccionar cuando la extraña, con una rapidez felina, muerde su mano y la mía y une las heridas.

  -Si. Estoy harta del mundo, tengo demasiados años ya, quiero descansar y nadie mejor que un descendiente para ello. Lo de tu tatarabuelo salió mal, pero la semilla al final ha dado su fruto, ja, ja, ja. Ahí tienes mis cosas, las vas a necesitar ahora que serás como yo.
Adiós y gracias.

  Me mira fijamente, mientras se aleja de mi lado con la sonrisa sangrienta que revela los afilados dientes de su verdad.  

Y la mía.

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