POR FIN VIENE

Por fin viene,
se alza sobre el agua y la camina
―¿quién se acerca?―.
Hiere su verde luz
al fango
que intentó callarla
―¿qué ilumina?―.
Tanta lágrima grita
en tantas manos
que no puede la cloaca
contenerla
―¿y ese canto?―.
Por el río de la vida
llega; una a una,
paso a paso,
todas juntas
contra el lodo
―¿tú la ves?―.
Mírala:
entre los juncos altivos
del silencio
y los huesos cansados
de la tierra
camina
La Esperanza.



TRABAJO


El hombre con abrigo largo y paraguas gris se detiene y observa mi deslumbrante vestido de seda. O quizá ha detectado mis temblores, causados por la fría humedad procedente de la calle. Pero lo más preocupante para mí es esta lluvia que aumenta las ganas de orinar, pues está prohibido abandonar el puesto de trabajo si los clientes miran. Media hora después, cuando una mujer se acerca al hombre y este aparta la vista del cristal, aprovecho para introducirme en el armario de ébano situado a mi derecha. «Por fin, qué gusto», pienso sentada en el orinal, mientras la pareja que ha entrado en la boutique pregunta a mi jefa por la extraña desaparición de un maniquí del escaparate.


RECETA PARA UN DESCUBRIMIENTO


Desordena las letras de tu nombre
completo y asumido,
hazlo impropio
mezcla
agita
escoge varias
añade imaginación y algunas horas
amasa
toma nota
repite
hasta que hierva tu cerebro.
El punto de cocción
termina si puedes renombrarte.
Si no, no pasa nada:
siempre serán nuestros
los abecedarios
aunque el nombre lo niegue.



EL BORRADOR




―¿Qué tenemos? ―preguntó la inspectora al entrar la sala de lectura del tercer piso de la librería Obril.
―¿Qué tenemos? ¿Y ese tópico... a qué serie pertenece? ¿CSI o El Mentalista? ―contestó su ayudante mientras fotografiaba el escenario del crimen.
―De... solo he dormido dos ronquidos y mis sesos están espesos...
―Muy graciosa. Este crimen parece la segunda víctima de El Borrador.
―Elemental, querido Horas. Y tópico, como el autor de esta aberración.
Irene Grafia miró con rapidez los muticolores libros que llenaban las estanterías grises de la sala ―temió que algún título interesante la abdujera de su trabajo―, y contuvo las lágrimas cuando bajó la vista hasta los restos esparcidos sobre el cristal negro de la mesa central: aquel asesino no solo pretendía suprimir del mundo la materia de sus víctimas, sino borrarlas de las memorias impidiendo que se reconociera su identidad.
Un grito conocido llamó la atención de la inspectora Grafia. Se asomó por la ventana y vio a su madre esperando en la entrada de la puerta principal: siempre la llamaba desde la calle cuando los compañeros de la brigada no la dejaban entrar. Qué vergüenza, pensó, ¿cuántas veces le había dicho que no le llevara los libros al trabajo?
―¡Por Virginia Wolf, qué redundante! Horas, bajo para que se calle de un vez...
Joaquín Horas la despidió con una sonrisa; le gustaba trabajar para aquella joven inspectora tan culta ―Irene Grafia había superado con la máxima puntuación todas las pruebas literarias―, pero aquella sección nueva de la Policía, Tinta y Papel, le parecía demasiado filológica.
Succionó los pedazos más pequeños de la víctima hasta que el detector dejó de parpadear, aunque estaba seguro de que al librero le sería imposible reconocerla con aquel desastre. En fin, se dijo después de vaciar la aspiradora en la bolsa impermeable, mientras no salgan vacantes para la Unidad de Cronocrímenes, tendré que leer mucho y recoger fragmentos de libros asesinados.

ENTRE MIEDOS

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Desantologad@s


Tú no.
No importa
que seas más o menos 
crítico,
cantor 
o salvapáginas;
y sí que te hundas 
en este círculo sumiso
que aplaude nuestros egos.
No importa la poética,
el pulso,
el compromiso;
tan solo los acólitos
que escupen retóricas en verso
al son del editor
y las audiencias.

Tú no.



EL MIEDO (NO a la Ley Mordaza)


Primero recorrió las ventanas y las puertas como una araña diminuta. Después, un hambriento león de seis patas y tres cabezas devoró los sueños de la calle y el arcón de la historia. Y por último, un tiburón elefante succionó los edificios con su trompa dentada. Hola... ¿hay alguien ahí? No veo nada.

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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.