TRABAJO


El hombre con abrigo largo y paraguas gris se detiene y observa mi deslumbrante vestido de seda. O quizá ha detectado mis temblores, causados por la fría humedad procedente de la calle. Pero lo más preocupante para mí es esta lluvia que aumenta las ganas de orinar, pues está prohibido abandonar el puesto de trabajo si los clientes miran. Media hora después, cuando una mujer se acerca al hombre y este aparta la vista del cristal, aprovecho para introducirme en el armario de ébano situado a mi derecha. «Por fin, qué gusto», pienso sentada en el orinal, mientras la pareja que ha entrado en la boutique pregunta a mi jefa por la extraña desaparición de un maniquí del escaparate.


1 comentario:

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Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, pero es más agradable hacerlo en buena compañía.

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