EL HUECO

 Lo abrió al comienzo de su carrera, pero era tan insignificante que no contuvo los remordimientos. Dos años más tarde, cuando consiguió agrandarlo, ascendió a director de Recursos Humanos y pudo ejecutar su primer ERE sin problemas. No se inmutó con las súplicas de los compañeros de trabajo despedidos, ni por las lágrimas de la novia que abandonó después. Tampoco dudó en cambiar el número de teléfono para que sus padres dejaran de molestarlo con sus dolencias y reproches.

Ahora tenía nuevos amigos, tan imperturbables como él; gracias a ellos pronto ingresaría en un famoso club mundial que solo admitía personalidades selectas y poderosas. Necesitaban hombres de grandes huecos en el incipiente Cuarto Reich.


MANZANA


No es fácil ser manzana,
caer al mundo con la cruz
de fruta prohibida
por la lujuria que despiertan
mis curvas en los ángulos.
No es fácil ser manzana
si todas las bocas y gusanos
con avidez de lengua o mariposa
intentan liberar mi corazón
arrancándome los sueños
a mordiscos.


BESTSELLER


 «Al anochecer del día señalado, el desconocido entró tras la joven en el ascensor con un tímido 'gracias, voy al cuarto'. La chica lo miró y le sonrió; él esquivó sus ojos y abrió y cerró las manos dentro de los bolsillos, inquieto a pesar de que había practicado con el maniquí oculto en el armario de su habitación...»

Aplausos. Firmas. Y nuevas presentaciones, entrevistas, conferencias y más aplausos, entre decenas de fiestas, lujos y amoríos. Tres meses intensos que disfrutó sin límites, consciente de la fugacidad del éxito. Después, otro ocupó su lugar y le poseyó el vacío. Las palabras surgían sin fluidez y las historias eran tópicas y aburridas. Por mucho que se esforzara, carecía de la exuberante imaginación de otros escritores de género negro, y el dinero se le estaba terminando.

No le quedaba más remedio que escribir la nueva novela con la técnica que había convertido su libro anterior en un best seller. Esa misma semana, buscaría a la segunda víctima.

TRÍPTICO


Leona de la luna, mariposa del páramo,
aún latías en larva cuando el grito rompió
y tiñó con su sangre las horas de tu verbo:
qué pronto viste el circo, su carnaval de látigos.

No supiste quién eras, los espejos mentían
y entre tanta tiniebla la piel como una sombra
ocultando su herida y luz a la ceguera,
máscaras sin control para un mundo caído.

En este paraíso sin pulso de las cifras,
donde dioses numéricos siembran terror y hambre
y convierten en presas a los nadies sin voz,
persistes en el verso con destino de estrofa.


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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.