Huevo frito: El origen

El orondo huevo rueda sobre el frío mármol, milímetro arriba y milímetro abajo, inquieto por su futuro después de su abortado intento de pollito. Aunque no ha elegido que lo arrebaten del culo plumífero de mamá como la mayoría de sus hermanitos —¿qué se puede hacer contra el dios-mano que decide los destinos de la pollería a cambio de jaula, pienso industrial y matadero? Ah, si tuvieran dientes afilados en vez de piquitos de oro—, le tortura la productividad alimenticia de su interior y rueda sobre sí mismo milímetro a milímetro hasta que empieza a sudar futuro al verla sobre las llamas. Ella es cóncava, como un oscuro nido, pero no es una cóncava cualquiera y vacía: en su interior humea el dorado líquido, tan viscoso como su orondas proteínas, que cuajará su trasparente y fallido sueño de gallina clueca o gallo peleón en sólida blancura de puntilla crujiente mientras protege su cremosidad imberbe y amarilla de pollito frustrado para que el dios-mano moje pan después de bautizarlo con la sal.

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Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, pero es más agradable hacerlo en buena compañía.

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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.