GEOMETRÍA CÓSMICA


 Acaban de ingresarme en el pentadecágono. El Tribunal Superior del Vértice me ha condenado a vivir quince años entre quince esquinas, la rehabilitación severa para quienes atentan contra la supremacía del ángulo. Mi delito fue diseñar una ciudad redonda con edificios circulares, pues como arquitecta aficionada a la astronomía, basé mi proyecto urbanístico en la ilimitada sabiduría del Cosmos.

—¿Se han descubierto estrellas cuadradas o planetas rectangulares? ¿Verdad que no, señorías? Entonces, deberían condenar al constructor original, el Universo, por preferir las curvas; yo sólo imité su geometría esférica —dije en mi defensa durante el juicio.

Lo que no saben estos rectilíneos es que giraré todos los días sobre mí misma en el centro del polígono.


QUIERO

Cierran todos los bancos por tu culpa
si tus labios devoran
mis células caídas
y huyen los corruptos y los déspotas
si tu lengua
ensancha las grutas de mi dermis.
Mas no quiero que cierren ni que huyan
los que robaron tantos besos
con las estériles cifras de sus páramos.
Quiero que paguen los milímetros
de piel arrebatada,
de saliva sedienta y luz de carne
asesinadas por sus euros.
Quiero amor que fundamos
el verbo en los caminos
donde las divisiones siempre suman
cuando multiplicamos los latidos,
donde la muerte abandona su guadaña
contra el gorrión y la paloma.
Quiero, amor, que me mires
cuando enterremos con gemidos las facturas
en la humedad de las caricias,
cuando el orgasmo nos reviente con su beso
las cuentas y el horario.


VERTEDERO


Enrique miró al cielo; por fin la tormenta​ se alejaba y habría trabajo para todo el pueblo. La mayoría de sus habitantes recogerían los restos arrojados a la playa por el oleaje, pero los que tenían barca, como él, se adentrarían en el mar para arrastrar con las redes hacia la orilla aquello que ensuciaba el itinerario de los trasatlánticos y yates de lujo. No podía quejarse: aunque los ayuntamientos y empresas turísticas solo pagaban cinco euros por cien kilos de basura, vivía bien desde que el Mediterráneo vomitaba​, además de los innumerables plásticos y latas, miles de cadáveres.


CRUENTOLANDIA


Está perdiendo el Príncipe sus cruentos:
a Cenicienta ya no le gustan los tacones,
Belladurmiente prefiere seguir soñando,
y Blanca se ha casado con los siete enanitos.
Está tan triste el Príncipe sin cruento
de púberes princesas de himen santo
que su madrastra se ha arrojado al culebrón
donde las chicas malas sufren todavía
y el patriarca invoca la moral tradicional
entre partidos de fútbol y prostíbulos.
Mas el Príncipe no pierde la cruentitis
y se ha apuntado a un grupo de autoayuda
contra la extinción del macho ibérico
que le promete un puesto en Cruentolandia
y una empleada de hogar virgen y muda
con uniforme de princesa sin salario.


PROYECCIÓN


Aquel zombi le dio tanto asco que no quiso mirar. Cuando se encendieron las luces, salió del cine con un suspiro de satisfacción y la mochila llena de cerebros.


EL MUERTO


La nieve gana espacio en tu mirada;
no hay más luz que el filo de su hielo
sin la húmeda sal de las heridas.
Tus manos, congeladas, sepultan a tus pies
entre las sombras: el agua se secó
al apagar el fuego y tu tierra sin luz,
endurecida en lápida,
respira con placer el humo del olvido
que oculta la fecha de tu entierro.
Aún crees en los latidos pero tu pulso
es sólo el aullido de un fantasma.


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