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Sara coge la pluma. En los últimos días escribe mal. A veces no sale la tinta. A veces ésta cambia. La está abandonando, como hizo Miguel. El principio del fin.

Le costó cara. Pensó que el alto precio sería sinónimo de calidad y duración, pero está muriendo antes de lo previsto, igual que sucedió con Miguel. La prueba de nuevo. Se desliza con negra fluidez sobre tres páginas. A la cuarta, fluye en rojo. Sustituye el cartucho. Funciona unos segundos hasta que silencia todos los nombres, excepto Miguel. Intenta trazar otras palabras. Inútil hasta que escribe Adiós, en rojo. La avalancha de imágenes paraliza la mano.

Las primeras indiferencias. Las disputas. El golpe. La sangre en los labios partidos de Sara. El miedo es una pluma que no puede escribir. La estilográfica contra el vacío como refugio. El cuarto día, como fin. Un jueves se quedó sin tinta y penetró el cuerpo masculino. Adiós en rojo, Miguel.


VERSÍVULA


Te irás como viniste,
con ímpetu de trueno
y ráfagas de noches en la luz
del incierto placer de tus paréntesis.

Esdrújula del son, acento en la planicie,
te burlas de las alas con ansia submarina
y entregas a la tierra el ritmo de las nubes.

No te importan los ciegos que enumeran tu canto
ni el aplauso del brillo a tu mirada,
solo quieres el nombre invisible de los gritos,
el útero donde se escribe la sonrisa,
y todas las páginas del verbo.


SOMNITRIA


 En los últimos tres meses solo conseguía dormir con la luz y la radio encendidas, así que deducí que mi continuo cansancio se debía a una alteración del sueño y solicité cita en una clínica muy anunciada por televisión. «Con nuestro tratamiento dormirá tan profundamente que la extrema fatiga no volverá a agotarla», dijo sonriendo la doctora Alicia Pérez, directora del Centro Somnitria.

Me condujo hasta una bonita habitación y me advirtió que la primera noche debía dormir sin ruidos. No fue fácil: un incesante parloteo invadió mi cabeza y tuve que inspirar y expirar muchas veces para callarlo, pero poco después un chisporroteo me sobresaltó y abrí los ojos. Al ver la intensa negrura que me envolvía, salté de la cama e intenté encender la luz. De pronto, el oscuro vacío empezó a murmurar tétricas letanías hasta que una gélida mano rozó mi espalda.

Suspiré aliviada al escuchar la voz de la doctora Alicia. Me felicitó por tolerar con valor unos minutos de silenciosa oscuridad, tan imprescindible para su trabajo, y me aconsejó que permaneciera muy quieta porque no tenía bien afilada la guadaña.


EL HIMNO DEL Ó


La forma de tu forma
te delata
a ser sólo una chispa
de mi fuego.

Es mi O singular,
tu A sólo género
plural.

Quédate como musa
moldeada,
déjame los laureles
y el Olimpo.
Tu nombre apagaré
desde mi trono.

Es mi O singular,
tu A sólo género
plural.

Te permito latir, pero en la sombra.


EL HUECO

 Lo abrió al comienzo de su carrera, pero era tan insignificante que no contuvo los remordimientos. Dos años más tarde, cuando consiguió agrandarlo, ascendió a director de Recursos Humanos y pudo ejecutar su primer ERE sin problemas. No se inmutó con las súplicas de los compañeros de trabajo despedidos, ni por las lágrimas de la novia que abandonó después. Tampoco dudó en cambiar el número de teléfono para que sus padres dejaran de molestarlo con sus dolencias y reproches.

Ahora tenía nuevos amigos, tan imperturbables como él; gracias a ellos pronto ingresaría en un famoso club mundial que solo admitía personalidades selectas y poderosas. Necesitaban hombres de grandes huecos en el incipiente Cuarto Reich.


MANZANA


No es fácil ser manzana,
caer al mundo con la cruz
de fruta prohibida
por la lujuria que despiertan
mis curvas en los ángulos.
No es fácil ser manzana
si todas las bocas y gusanos
con avidez de lengua o mariposa
intentan liberar mi corazón
arrancándome los sueños
a mordiscos.


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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva, a excepción de aquellos en los que se hace constar el nombre de otros autores.