La Abecedaria


El primer síntoma fue la interrogación, el segundo la lectura intensa, y al tercer día vomitó letras y letras. La vacuna de la televisión no le hizo efecto y no tardaron en salir de su boca hojas y hojas que la envolvieron como pétalos de papel. Ni los más estúpidos consiguieron idiotizarla, a pesar de que le añadieron páginas en blanco, la podaron con censuras varias y le inyectaron números Falciani, pues la tinta de sus historias contaminaba con sustantivos, pronombres, verbos y adjetivos bien organizados sin huecos maleables, todo lo que la rozaba con ánimo de circo mercantil. Al final la dieron por muerta para la ignorancia y, aunque consiguieron aislar su imaginación en la Biblioteca del Olvido, sus hambrientas palabras continuaron devorando los vacíos cada vez que una interrogación abría las mentes.



Inesperado Apocalipsis

El séptimo ángel abrió el séptimo sello cuando dejó de sonar la séptima trompeta y extrajo de su interior un objeto desconocido para él. Intentó usarlo, pero como no lanzaba fulgurantes llamas y tampoco era de oro y diamantes como su brillante armadura, lo arrojó al vacío.

Millones de kilómetros más abajo, Manuela recogía el objeto caído del cielo unos minutos después de que los transeúntes lo despreciaran igual que a ella: le recordaba el tiempo en el que podía comer todos los días y pagar un apartamento en la zona céntrica de la ciudad gracias al sueldo que ganaba como escritora «negra» de una importante editorial, hasta que la despidieron y lo perdió todo.

Con manos temblorosas, intentó probar si funcionaba sobre uno de los cartones de su carrito, pero apareció la policía y la echó del barrio en el que siempre acababa tras emborracharse, cuando creía que seguía viviendo en el hogar perdido. En cuanto llegó al extrarradio donde malvivía, se sentó en su viejo banco y, entre trago y trago de vino y lágrimas, escribió con la extraña estilográfica que había encontrado: «Malditos indiferentes... ojalá ardáis en el infierno». Al instante, unas lenguas de fuego surgieron de no se sabe dónde y devoraron varios edificios.

Muy lejos, millones de kilómetros por encima de Manuela, el séptimo ángel seguía buscando dentro del séptimo sello la espada flamígera con la que pensaba exterminar a la humanidad desahuciada de la Tierra.

Breves de Insomnia

LUNALIA

Cuidado con la niña que se oculta
donde el verso modela tinta al son de los latidos
y la esperanza toca su sinfonía de la carne
en la orquesta del átomo: ella
sabe hablar con la estrellas
desde los ojos cerrados de la madrugada



INTÉMPOBUS

Entre la mirada albina del osario
y un cielo con ojos de tormenta
existe una partitura sin leer
la puerta sin cronos
donde tu sangre
compone el Adagio de los siglos



VISIOLATRÍA


Planeamos los claroscuros de la córnea
antes de lanzarnos sobre el iris
y naufragar
en la noche con piel de las pupilas



SUCIÓPOLIS
Esta pared se licua ante mis ojos
y el cemento es paja sobre asfalto
de repente soy líquida
mas no quiero fluir hacia el desagüe
hundirme con las ratas
en las alcantarillas de excrementos
que gobiernan los altos edificios



RUGEN LOS TIGRES

Rugen los tigres desde sus jaulas de oro
quieren más carne más barrotes
de qué sirven las selvas infinitas
sin el brillo dorado del prestigio
sin los miles de huesos que levantan sus palios

Rugen los tigres con sus colmillos de odio
quieren más dientes más cadenas
por si sus prisioneros se cansan de gemir
y les quitan el oro que han robado con sangre
los bancos y las balas que convierten la Tierra en matadero
la ley del miedo que hace de la justicia una parodia

Rugen los tigres contra la carne en puños
que renuncia a ser lamento de corral menú de ricos
agonizan con amenazas de holocausto
saben que sus dominios de oro y sangre
son como los excrementos de los váteres
apestan hieren manipulan matan
hasta que decidimos tirar de la cadena

El fruto deportivo

El vendaval agitó los árboles y la manzana rodó hasta sus pies. Eva intentó alejarla con una rama, pues era la fruta favorita del Brontosaurus y no debían enemistarse con el gigantón, pero Adán la pateó sin descanso hasta que golpeó a la mujer. Eva, enfadada, cogió la manzana y le dio un mordisco. Adán, al ver que ella degustaba con placer su redondo juguete, se la arrebató antes del segundo bocado y le dio un fuerte puntapié. El manzanazo dejó tuerto al Brontosaurus y tuvieron que huir del Edén.
Así nació el fútbol.

IMÁGENES Y POESÍAS

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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.