IN MEMORIAM
Aún espero verte en el pasillo.
Es ahora más largo y más oscuro.
Han recobrado los sillones su belleza
impersonal sin tus fundas amarillas.
O jugando panza arriba con mis manos.
Rascar tu barriguita blanca y cálida
y con tus saltos, jugar al escondite.
O durmiendo a mis pies hecho un ovillo.
Ni la manta más sedosa era tan tibia
como el tacto de tu pelo siempre suave.
O tumbado señorial en algún mueble,
estático como una estatua egipcia.
Tu ausencia incrustada en el salón
lo transforma en un nicho enorme y frío.
O velando mis sueños con tus ojos,
expectante e inmóvil a mi lado.
Ya no lames mi mano mientras duermo
ni tu verde mirada me recibe.
O haciéndote la cama en mi regazo
mientras yo te nombro entre mis besos.
De vez en cuando algún extraño ruido
me hace olvidar que ya no estás.
Te fuiste tan veloz como la luz
sin previo aviso ni amarga despedida.
Te fuiste. Eran las siete menos cuarto
de un veintinueve de diciembre
del año dos mil seis,
y en sólo dos segundos
nos dejaste
el cierre de once años de cariño,
un vidrioso vacío en tu mirada,
un cuerpo frío y flácido
y el silencio.

















