Estoy agotada y me duele la cabeza. Me he fumado tres paquetes mientras escribo sin parar.
En este día, cuarenta relatos han surgido de forma espontánea, casi mágica. Es la primera vez que me dejo llevar tan intensamente por la inspiración y como no viene con frecuencia, hoy la he liberado hasta estos extremos.
Mañana será otro día, quizás vacío, me digo, y me tomo una pastilla para dormir después de cerrar el ordenador.
Mientras espero el sueño viendo la televisión, recuerdo un detalle que se me ha olvidado. Enciendo de nuevo el ordenador y corrijo, pero mis manos se empeñan en seguir escribiendo a pesar de que mis ojos se están cerrando. Nuevos relatos y sigo, sigo, sigo, aunque ya ni siquiera veo lo que escribo.
Desesperada, decido terminar con esto de una vez. Son las tres de la madrugada y con un doloroso esfuerzo me levanto hacia la cocina, a por una botella fresca de vino. Me la voy a beber toda hasta emborracharme, con tal de destruir esta maldita inspiración que no me deja descansar.
En la cocina intento abrir la nevera sin conseguirlo: mis manos se han quedado tecleando en el ordenador.



qué cuesta arriba se hace a veces la cosa..
ResponderSuprimirCaminante Ligeia:
ResponderSuprimirPues sí que estás poseida... Aunque me gustaría leer esos cuarenta relatos, mi consejo es que descanses.
Un abrazo. Te deseo lo mejor.
Antonio HM.
Si no hubiera sido por lo del ordenador...hubiera dicho que eran los pensamientos en voz alta de Edgar Alan Poe.
ResponderSuprimir<un abrazo desde mis vacaciones invernales.
A mi me encantaria que me dieran esos ataques de inspiración, me encanta como escribes.
ResponderSuprimirQuerida Matilde, hacé una cosa tratá de negociar con tu Musa para que se calme un poco pero que no se vaya convidala con ese vino blanco y que se acueste también.
ResponderSuprimirEso si que mañana vuelva a inspirarte y que no se vaya nunca
Besos!
¿40 relatos? madre mía... ¡ha sido un día muy Proust!
ResponderSuprimirY la mente en ocasiones viaja a la velocidad de la luz, es imposible que nuestro cuerpo aguante tanto... casi rayamos la locura.
ResponderSuprimirCuando la inspiración no cesa, y la mente fluye y fluye sin cesar... no debe desperdiciarse ni una letra porque es oro lo que queda escrito entre palabras, aunque después el cansancio aprisione la mente.
ResponderSuprimirUn beso grande, guapísima, y me encantó volver a leerte.
Niña, descansaaaaaaaaaaaaa!! y publica esos relatos plis pofavó!
ResponderSuprimirNo sé que ocurre pero me cuesta entrar en tu blog.
Un beso muuu grande y hoy que puedo sigo leyendo.
Certero relato para contar cómo atrapa la necesidad creativa. Besos.
ResponderSuprimirEnya no es la mejor manera para dejar de escribir y es lo que se transmite nada más entrar aquí. Al menos lo que me ha pasado por primera vez.
ResponderSuprimirVino. Humo. Relatos. Todo va fundido con algún color cercano a la escala de los grises.
Es precioso eso de escribir hasta que se te cierren los ojos y suena como si fuese una maldad. Sí. A veces lo es.
Por medio de otro blogger, esto supongo que funciona así y me alegro de dar vueltas y disfrutar leyendo. Un saludo.
ResponderSuprimirEso le pasa solo a ti y a Calamaro :) Algo bueno habrá salido de todo el proceso..
ResponderSuprimirHola, guapísima:
ResponderSuprimirVengo a desearte un feliz fin de semana.
Un beso grande.
La inspiración es así de caprichosa, hay veces que no viene y otras no desea abandonarnos. Aprovecha lo mejor de esta buena racha pero sin que termine por convertirse en obsesión.
ResponderSuprimirUn abrazo fuerte.
Ojala estes disfrutando plenamente de tus vacaciones.
ResponderSuprimirYo te dejo un beso grande.
¡Qué bueno! Me encantó
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