EL VASO



Insignificante y frágil, nadie sospecha de ella. Solo algunas veces un fugaz rayo de luz le da el brillo del diamante, pero no es tan dura ni resplandeciente como él y, mucho menos, inmutable.
Frágil, redonda, transparente y sabia, casi siempre se funde con el mundo que la rodea para conocerlo, penetrando sus más recónditos secretos. También sabe volar con la pasión del fuego o convertirse, si es necesario, en el más afilado hielo por una temporada, aunque jamás conseguirá la importancia del océano, la omnipresencia del aire, la firmeza de la tierra, la supremacía de la luz o el hermetismo de la noche. 
Ella solo es la última gota de paciencia destinada a desbordar el vaso rebosante de los gritos.

SÉ QUE PUEDO

Si he poblado de noches mis certezas
para matar el mundo
–insana lucidez que me perturba
con el programa dominante–
de los inaccesibles tan diarios
devoradores de esperanzas y memorias,
sé qué quiero.
Si no soy luz porque no muero en la sombra
ni gano odios o sonrisas suficientes
para el cadalso y la medalla,
soy el grano de arena o esa gota
que siempre colma el cántaro y la duna,
la maldita y minúscula sentencia
contra todo pronóstico de esclavo,
y sé que puedo.




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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.