EL VASO



Insignificante y frágil, nadie sospecha de ella. Solo algunas veces un fugaz rayo de luz le da el brillo del diamante, pero no es tan dura ni resplandeciente como él y, mucho menos, inmutable.
Frágil, redonda, transparente y sabia, casi siempre se funde con el mundo que la rodea para conocerlo, penetrando sus más recónditos secretos. También sabe volar con la pasión del fuego o convertirse, si es necesario, en el más afilado hielo por una temporada, aunque jamás conseguirá la importancia del océano, la omnipresencia del aire, la firmeza de la tierra, la supremacía de la luz o el hermetismo de la noche. 
Ella solo es la última gota de paciencia destinada a desbordar el vaso rebosante de los gritos.

3 comentarios:

  1. Una prosa luminosa, de cadencia y profundidad admirables. Conmueve porque te hace convivir unos segundos con el misterio y la belleza.

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  2. La paciencia, la madre adoptiva de la ciencia, la esposa engañada por las prisas, la hermana melliza de la impaciencia, ya solo ha quedado para llenar y llenar vasos y más vasos. Cuando agotemos el agua del planeta tendremos millones y millones de vasos colmados de paciencia. ¡Salud!

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Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, pero es más agradable hacerlo en buena compañía.

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